En tiempos de la inquisición, una mujer acusada de herejía, brujería y supuesta adoradora de satán, iba a ser quemada en la hoguera, su hija dolorida miraba de lejos la ejecución.- ¡¡¡Hija mía!!! ¡¡¡Yo vendré a verte cada noche!!!
La niña, triste, asintió con la cabeza a sabiendas de que no sería así.
Y en medio de toda esa gente Amaria era quemada, sus gritos desgarradores se oían en varios lados, Luciana entonces se fue a vivir con unos tíos, era lógico que ella padeciera de cruentas pesadillas, despertando en las madrugadas bañada en llanto.
- Cómo te extraño mamá, ojalá en verdad vinieras a verme, me siento tan sola...
Poco a poco Luciana recobraba tranquilidad, aún así la falta de amor y cariño crecían en su alma, una noche de luna llena, abrió la ventana de su recámara, el aire frío acariciaba su rostro.
Las velas tenues iluminaban su recámara, se sentó y tomo su cepillo, cuando unas manos la tomaron de sus hombros.
- ¡¡¡Dios amparame!! ¡¡¡¿Qué clase de ente maligno eres?!!!
Sin decir nada acarició su cabello y asomaron unas manos conocidas, al mirar en el espejo vió el rostro de su mamá.
- Mi niña hermosa, tranquila, te dije que vendría a verte y aquí me tienes
- Mamá, tus ojos se ven raros
- Si, en el mundo de los muertos muchas cosas son distintas, no iba a venir, pero tu tristeza me conmovió, hija mía no deseo vivas triste, eres joven y un ser de luz, que debe ser alegre
- Es que no es fácil, te extraño, no sé si superaré tu partida
Amaria tomó el cepillo y empezó a peinarla, mientras le cantaba una canción que a Luciana le gustaba oír.
- No estaré contigo mucho tiempo hija, pero te enseñaré a ser una buena curandera, no debes temer, tú sabes que hay una casa a las afueras del pueblo, tomarás tus cosas e irás ahí, si alguien intenta hacerte daño, yo lo quitaré del camino.
Así lo efectuó Luciana, tomó sus cosas y partió a donde le indicó su mamá, al entrar en la casa, todo estaba polvoso, puso manos a la obra y limpió y ordenó todo, al caer la noche, nuevamente Amaria se presentó.
-Bien hija mía, estos libros son fórmulas de hierbas para sanar personas, aprenderás a preparar e irás al pueblo a venderlas, debes de tener un medio de vida.
Y la muchacha empezó sus lecciones, iba poco a poco, hasta que en pequeñas botellas guardaba las pócimas elaboradas.
Iba al pueblo y recorría lugares para vender sus productos o veía gente en su casa para curarla, pero la santa inquisición veía con malos ojos a la muchacha, haciéndose presente en su casa para apresarla por brujería y hechicería.
Asustada, Luciana sabía que eso implicaba la muerte inminente, entonces una voz se hizo presente:
- ¡¡¡Dejen en paz a mi hija!! ¡¡¡No le harán lo que a mí me hicieron!!
Aterrados, los guardias y sacerdotes, miraron surgir a Amaria, huyendo de su casa, al estar a salvo, Luciana miró a su mamá, agradecida.
-Vámonos hija, iremos a otro lugar lejos de aquí y verás que nada te pasará, quizás me veas poco, pero recuerda que siempre estaré en tu corazón.
Y desde entonces, la muchacha siguió con sus tratamientos herbolarios y sabía que en cada noche, cuando se sintiera sola contaría con el abrazo de su mamá del más allá.
La niña, triste, asintió con la cabeza a sabiendas de que no sería así.
Y en medio de toda esa gente Amaria era quemada, sus gritos desgarradores se oían en varios lados, Luciana entonces se fue a vivir con unos tíos, era lógico que ella padeciera de cruentas pesadillas, despertando en las madrugadas bañada en llanto.
- Cómo te extraño mamá, ojalá en verdad vinieras a verme, me siento tan sola...
Poco a poco Luciana recobraba tranquilidad, aún así la falta de amor y cariño crecían en su alma, una noche de luna llena, abrió la ventana de su recámara, el aire frío acariciaba su rostro.
Las velas tenues iluminaban su recámara, se sentó y tomo su cepillo, cuando unas manos la tomaron de sus hombros.
- ¡¡¡Dios amparame!! ¡¡¡¿Qué clase de ente maligno eres?!!!
Sin decir nada acarició su cabello y asomaron unas manos conocidas, al mirar en el espejo vió el rostro de su mamá.
- Mi niña hermosa, tranquila, te dije que vendría a verte y aquí me tienes
- Mamá, tus ojos se ven raros
- Si, en el mundo de los muertos muchas cosas son distintas, no iba a venir, pero tu tristeza me conmovió, hija mía no deseo vivas triste, eres joven y un ser de luz, que debe ser alegre
- Es que no es fácil, te extraño, no sé si superaré tu partida
Amaria tomó el cepillo y empezó a peinarla, mientras le cantaba una canción que a Luciana le gustaba oír.
- No estaré contigo mucho tiempo hija, pero te enseñaré a ser una buena curandera, no debes temer, tú sabes que hay una casa a las afueras del pueblo, tomarás tus cosas e irás ahí, si alguien intenta hacerte daño, yo lo quitaré del camino.
Así lo efectuó Luciana, tomó sus cosas y partió a donde le indicó su mamá, al entrar en la casa, todo estaba polvoso, puso manos a la obra y limpió y ordenó todo, al caer la noche, nuevamente Amaria se presentó.
-Bien hija mía, estos libros son fórmulas de hierbas para sanar personas, aprenderás a preparar e irás al pueblo a venderlas, debes de tener un medio de vida.
Y la muchacha empezó sus lecciones, iba poco a poco, hasta que en pequeñas botellas guardaba las pócimas elaboradas.
Iba al pueblo y recorría lugares para vender sus productos o veía gente en su casa para curarla, pero la santa inquisición veía con malos ojos a la muchacha, haciéndose presente en su casa para apresarla por brujería y hechicería.
Asustada, Luciana sabía que eso implicaba la muerte inminente, entonces una voz se hizo presente:
- ¡¡¡Dejen en paz a mi hija!! ¡¡¡No le harán lo que a mí me hicieron!!
Aterrados, los guardias y sacerdotes, miraron surgir a Amaria, huyendo de su casa, al estar a salvo, Luciana miró a su mamá, agradecida.
-Vámonos hija, iremos a otro lugar lejos de aquí y verás que nada te pasará, quizás me veas poco, pero recuerda que siempre estaré en tu corazón.
Y desde entonces, la muchacha siguió con sus tratamientos herbolarios y sabía que en cada noche, cuando se sintiera sola contaría con el abrazo de su mamá del más allá.

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