Cuenta una antigua leyenda que en un antigüo pueblo la gente salía de noche y dormía de día, esto llegó a oídos de un joven escritor que precisamente buscaba material para su nuevo libro, él se trasladó a ese pueblo para conocer la verdad, obviamente llegó de día pero estaba solo, pues todos dormían; se sentó en una banca de un pequeño parque a esperar, llegó el atardecer y fue cuando aparecieron las primeras personas; mientras el joven esperaba, miró extrañado que en el pequeño kiosco estaba lleno de muchísimas comida y la gente que comenzaba a salir de sus casa se acercaba a toda esa comida, tomaban lo que querían, así poco a poco el pequeño parque se llenó de muchísimas gente, todos comían riéndose y platicando, los niños jugaban divertidos, parecía fiesta en todo el pueblo.
Donde el joven estaba observando, llegó una hermosa chica y le preguntó: ¿tú no eres de aquí, verdad?, él le contestó: no, solo vine para escribir mi nuevo libro y la costumbre de ese pueblo de vivir de noche llamó poderosamente mi atención; la hermosa chica lo tomó del brazo para dar una vuelta por el parque y le contó el porqué vivían de noche; le dijo: es que nuestra piel es tan blanca que nos hacen mucho daño los rayos del sol y decidimos cambiar el día por la noche y en efecto la gente trabaja, los niños juegan y van a la escuela de noche como si fuera de día.
El joven comenzó a escribir su libro con esas extrañas costumbres, escribía de día y dormía un poco para encontrarse por la noches de nuevo con la chica. Así poco a poco los dos terminaron por enamorarse.
El chico le propuso matrimonio y ella rápidamente aceptó diciéndole: solo una cosa quiero, que mi vestido de boda sea color negro y la misa se celebrará en la capilla de este pueblo a la medianoche, el chico aceptó enamorado.
A los pocos días llegó el vestido de novia color negro, era muy hermoso, todo negro, el velo negro con pedrería de cristal para que resaltaran los brillos.
Llegó el gran día, mejor dicho “la gran noche” y todo el pueblo llenó la capilla para ver la boda, el novio esperaba ansioso a la chica, cuando llegó justo era la medianoche; ella lucía su espectacular vestido, su rostro lo cubría el velo con la pedrería; la misa transcurrió normalmente y cuando el sacerdote dijo: los declaro marido y mujer… ya puedes besar a la novia; el chico levantó el velo y para su sorpresa el rostro de la chica era una calavera, el chico aterrado volteó a ver a toda la gente y todos eran esqueletos, solo el sacerdote era una persona; el sacerdote le dijo al chico: un día en este pueblo cayó una peste y todos murieron, pero ellos no se dan cuenta, piensan que todavía están vivos; a mí me mandaron a esta capilla para convencerlos que estan muertos pero como todavía no se han hecho a la idea, seguiré aquí hasta que lo asimilen; le dijo al chico: vete a tu casa, si quieres escribe tu libro con todo lo que has visto y respecto a tu boda, no te preocupes, no cuenta, pues te has casado con una chica muerta y automáticamente estás viudo.
-Créditos al autor.
Donde el joven estaba observando, llegó una hermosa chica y le preguntó: ¿tú no eres de aquí, verdad?, él le contestó: no, solo vine para escribir mi nuevo libro y la costumbre de ese pueblo de vivir de noche llamó poderosamente mi atención; la hermosa chica lo tomó del brazo para dar una vuelta por el parque y le contó el porqué vivían de noche; le dijo: es que nuestra piel es tan blanca que nos hacen mucho daño los rayos del sol y decidimos cambiar el día por la noche y en efecto la gente trabaja, los niños juegan y van a la escuela de noche como si fuera de día.
El joven comenzó a escribir su libro con esas extrañas costumbres, escribía de día y dormía un poco para encontrarse por la noches de nuevo con la chica. Así poco a poco los dos terminaron por enamorarse.
El chico le propuso matrimonio y ella rápidamente aceptó diciéndole: solo una cosa quiero, que mi vestido de boda sea color negro y la misa se celebrará en la capilla de este pueblo a la medianoche, el chico aceptó enamorado.
A los pocos días llegó el vestido de novia color negro, era muy hermoso, todo negro, el velo negro con pedrería de cristal para que resaltaran los brillos.
Llegó el gran día, mejor dicho “la gran noche” y todo el pueblo llenó la capilla para ver la boda, el novio esperaba ansioso a la chica, cuando llegó justo era la medianoche; ella lucía su espectacular vestido, su rostro lo cubría el velo con la pedrería; la misa transcurrió normalmente y cuando el sacerdote dijo: los declaro marido y mujer… ya puedes besar a la novia; el chico levantó el velo y para su sorpresa el rostro de la chica era una calavera, el chico aterrado volteó a ver a toda la gente y todos eran esqueletos, solo el sacerdote era una persona; el sacerdote le dijo al chico: un día en este pueblo cayó una peste y todos murieron, pero ellos no se dan cuenta, piensan que todavía están vivos; a mí me mandaron a esta capilla para convencerlos que estan muertos pero como todavía no se han hecho a la idea, seguiré aquí hasta que lo asimilen; le dijo al chico: vete a tu casa, si quieres escribe tu libro con todo lo que has visto y respecto a tu boda, no te preocupes, no cuenta, pues te has casado con una chica muerta y automáticamente estás viudo.
-Créditos al autor.

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